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A lingoa: entre o corazón e a cabeza…

30 Enero 2010 No Comment

lingua_galegaReflexionando estos días entorno a la polémica generada por la presentación del borrador del nuevo Decreto sobre el uso del gallego en el sistema educativo, me preguntaba si sería posible escribir un “post” en el que se abordase de forma objetiva el tema lingüístico en nuestra Comunidad. Pero rápidamente me di cuenta que el hecho de estar escribiendo en castellano o el haber utilizado el término “Comunidad” podrían evidenciar de por sí un cierto posicionamiento hacia uno de los “dos bandos” en este complicado debate… (y eso que el uso del castellano o el del término Comunidad están dentro de la más estricta legalidad).
En una primera aproximación a este debate, podríamos dividir a los gallegos en dos grupos, los que hablan habitualmente en gallego y los que lo hacen en castellano; a su vez, dentro de los “gallegoparlantes”, podemos encontrar los que consideran que el gallego (o el portugués) es la única lengua oficial que debiese existir en Galicia, al igual que entre los “castellanoparlantes” existen personas que consideran al gallego como un dialecto de pueblo. Tanto a los primeros, defensores de una nación gallega independiente o fusionada con Portugal como a los segundos, representantes de lo más rancio de la España del aguilucho, los considero legítimamente fuera de este debate (aunque no del “debate” en general, pues creo que cualquier idea es debatible si ésta se defiende dentro de un marco legal y democrático…). Una vez hecha la poda de los extremos, nos encontramos con un grupo de gallegos (aunque siendo justo habría que incluir en el debate al resto del Estado pues guste o no el problema trascienda a nuestras propias fronteras) cuya defensa más o menos enconada de sus posturas se hace atendiendo a criterios socio-políticos de una cierta complejidad.
Siguiendo con esta línea de razonamiento en la que me consideraría satisfecho simplemente acertando en la dirección, creo que existen dos realidades difícilmente discutibles y en las que nuestro grupo de gallegos, resultado de la poda de los extremos, deberían estar de acuerdo:
1) el gallego es la lengua que se encuentra en peligro y a la cual se debe proteger
2) el pueblo gallego se ha pronunciado democráticamente en las urnas y ha dicho que la política lingüística llevada por el bipartito (cuyo máximo exponente es el actual Decreto 124/2007 de 28 de junio por el que se regula el uso y la promoción del gallego en el sistema educativo) no es del agrado de la mayoría

Llegados a este punto, nos encontramos con un partido que llega al poder y que por coherencia con su electorado se ve en la obligación de cambiar algo en lo referente a la convivencia del gallego y el castellano en las aulas (recordemos que ésto formaba parte importante del programa electoral que les dio la victoria). Y el que un partido cumpla lo que promete, es algo que todo demócrata (que hable gallego o castellano es indiferente) debería defender. El problema se encuentra cuando al intentar recoger el sentir mayoritario del pueblo (desde el punto de vista de las urnas, pues no conozco otro…) se pone en duda que se esté atendiendo a la primera de las dos realidades que enunciábamos hace un momento. Y aquí es dónde parece que el actual gobierno no ha sabido navegar. Si una parte, aunque no sea mayoritaria del pueblo, cree que se pone en peligro el futuro del gallego, se debe buscar un mínimo consenso con los distintos agentes que intervienen en el debate. Sin hacerlo, cualquier iniciativa está abocada al fracaso antes de empezar.
De igual manera, en la aproximación a este tema en el legítimo derecho del actual gobierno de buscar una respuesta a las demanda de las urnas, se ha cometido un error de bulto muy habitual cuando la realidad del papel está alejada de la realidad existente en las aulas. Las urnas reflejaron un temor, no de una realidad plasmada en las aulas, pues el grado de cumplimiento del actual Decreto está lejos de ser elevado, sino de lo que la mayoría entendió representaba el Decreto aprobado por el bipartito. Es por eso que las propuestas del gobierno de Feijoo deben plantearse no del Decreto en vigor restando a partir del mismo, sino de la realidad existente en nuestras aulas, legislando a partir de ahí. El límite en la búsqueda de la supervivencia del gallego, se debe establecer en el derecho de cada uno a elegir la lengua en la quiere mayoritariamente expresarse, pero sin duda este derecho pasa por el conocimiento a un mismo nivel de ambas lenguas.
El uso abusivo de la discriminación positiva puede llevar al efecto contrario al que se busca, y más en temas tan delicados como es el de la lengua, dónde la razón (cabeza) y los sentimientos (corazón) se encuentran, a mitad de camino, con la lengua …

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