Visto por Heyst…: “La cinta blanca”
TÍTULO ORIGINAL Das weisse Band - Eine deutsche Kindergeschichte (The White Ribbon)
AÑO 2009
DURACIÓN 145 min.
PAÍS Alemania
DIRECTOR Michael Haneke
GUIÓN Michael Haneke
FOTOGRAFÍA Christian Berger (B&W)
REPARTO Susanne Lothar, Ulrich Tukur, Burghart Klaußner, Josef Bierbichler, Marisa Growaldt, Steffi Kühnert, Michael Schenk, Janina Fautz, Michael Kranz, Jadea Mercedes Diaz, Theo Trebs
PRODUCTORA Coproducción Austria-Alemania; Les Films du Losange / Wega Film / X-Filme Creative Pool
WEB OFICIAL http://dasweisseband.x-verleih.de/
Hay que dudar. Sólo dudando puede uno llegar a la verdad. Porque la verdad – sea cual sea – es tan dolorosa que sólo poniéndola en duda podemos aceptarla.
La cinta blanca es la historia de una duda (“no sé si lo que voy a contar es cierto, dice el narrador). Aunque igual es el relato de una certeza. La certeza de que los grandes horrores de la Historia tienen demasiado que ver con los pequeños horrores con los que el ser humano convive de manera cotidiana.
Cómo se mata el sentimiento; cómo se aniquila la capacidad de sentir; cómo llega todo un Pueblo a cometer (y presenciar en silencio) un asesinato en masa (seis millones de seres humanos). Cómo pudo llegar a convertirse la Muerte en una próspera Gran Industria. Factorías de muertos a pleno rendimiento. Un engranaje bien engrasado que convertía seres humanos en humo sin que nadie preguntara. Y todo ello, en el país más culto de Europa (el viejo y culto continente). El buen hacer. La pulcritud. El orden. La perfección al servicio del Horror. Cómo fue eso posible. Esta película sólo pretende dar pistas. Pero son pistas iluminadas y visibles en la noche, como las de un aeropuerto de noche y con niebla. Aún así se ve la pista.
La película cuenta también que desde dentro no es posible contar nada. Desde dentro no se ve. Uno tiene que salir y tomar distancia (en el espacio – otro lugar – y en el tiempo – otra época: el narrador recuerda). Y aun así, con todas las dudas. Y son, precisamente, las dudas la que confieren credibilidad a la historia que se nos está contando. Los protagonistas de esta historia no dudan. Todos están seguros y convencidos de lo que hacen. Y en esa seguridad radica el mal. Porque si no existe otra posibilidad, si ése es el único camino, los que observan, los que aprenden de lo que ven – los niños – aceptaran esa realidad como la única posible, y serán consecuentes. Repetirán lo visto (el hermano pequeño que ata al mayor a la cama por la noche). Y cometerán los mismos e(ho)rrores duplicados, en la convicción de que eso que hacen es lo que deben hacer. Que eso e lo correcto. Y si uno hace lo que hace, creyendo que hace lo correcto, no existe la posibilidad de rectificar. Y si no estás dispuesto a hacer lo que hacen los demás, porque crees que eso que hacen no debería hacerse, entonces sólo queda irte. Alejarte. O quitarte la vida. Que también.
La cinta blanca es una película sin música. Porque la vida no la tiene (salvo que suene un disco o toque una orquesta, pero en esta película no hay espacio para la música, salvo la escena del piano, que no es musical, precisamente). Y eso es así porque la música es emoción, es sentimiento. Y lo que en esta película se cuenta, es precisamente, la aniquilación de la una y del otro. Desde ya y para siempre. Y de la misma manera que no hay música, no hay risa (sólo el niño retrasado – la inocencia – se ríe. Ninguno de los otros niños – y por supuesto, ninguno de los adultos que en ella salen - lo hace). En ningún momento. Y seguramente no lo harían nunca, aunque la película durara lo que la vida de cada uno de los niños que en ella aparecen. Nos resulta difícil imaginarlos riendo, pero no nos resulta difícil imaginarlos con un uniforme negro de las SS. Por eso.
Y la película es en blanco y negro, porque aunque en la vida sí que existen los colores, ese tiempo que nos cuentan es en blanco y negro. No hay matices. O una cosa, o la otra.
Y en la película, todas las mujeres (incluidas las niñas) llevan moño. Y no es casual que sea sólo en la escena del pájaro en la que la niña sale despeinada. Y no es casual, tampoco, la manera en la que el pájaro aparece en pantalla (las tijeras como cruz). Y que siendo toda ella una película en extremo violenta, no aparezca la sangre. Porque la violencia no necesita de ella. Incluso es mayor cuando la sangre no aparece. No hace falta. Tratándose de pulcritud, los nazis fueron ejemplares (en los campos de concentración femeninos, una mancha de sangre en la ropa era motivo de fusilamiento inmediato – a los nazis les disgustaba la sangre).
Y mucho más.









Deja tu respuesta