Visto por Heyst…: “Up in the air”
TÍTULO ORIGINAL Up in the Air
AÑO 2009
DURACIÓN109 min.
PAÍS Estados Unidos
DIRECTOR Jason Reitman
GUIÓN Jason Reitman, Sheldon Turner (Novela: Walter Kirn)
MÚSICA Rolfe Kent
FOTOGRAFÍA Eric Steelberg
REPARTO George Clooney, Vera Farmiga, Anna Kendrick, Jason Bateman, Tamala Jones, J.K. Simmons, Danny McBride, Chris Lowell, Zach Galifianakis, Steve Eastin
PRODUCTORA Paramount Pictures / Hard C / The Montecito Picture Company
WEB OFICIAL http://www.theupintheairmovie.com/
Había una vez un pájaro que no tenía patas. Que sólo podía volar y volar. Cuando se cansaba dormía en el viento. Este pájaro sólo podía bajar una vez a la tierra. Y era cuando moría. Esta historia – voz en off en “Days of being wild” (Días salvajes) de Wong Kar Wai –me ayudó a entender esta película. Entre ambas no existe, en apariencia, ningún nexo de unión, aunque después de ver la segunda pude entender mejor Up in de air. La diferencia es que en la del director honkonés se nos cuenta el porqué y en ésta, el porqué no importa. Cómo pueden parecerse dos películas tan distintas. Porque la igualdad está en la esencia, no en la apariencia. Y juzgar por las apariencias siempre conduce a error: y si no, pregúntenle al protagonista de la película que nos ocupa. Tengo un amigo que insiste en decir que no hay amor sin igualdad. Y yo creo que tiene razón. Y cómo uno es igual a otro?. Uno es igual a otro no en lo que hace, no en lo que dice, no en la profesión que tiene, no en lo que parece ser. Uno es igual a otro, en la esencia, en lo que no se ve. Y en esencia, éstas son dos películas únicas. Y en lo que radica la unicidad de ésta es lo que voy a intentar explicar. Esta película sólo puede ser como es. Y esta película no sería si el actor protagonista no fuera George Clooney; y si el viaje perpetuo no fuera en avión; y si nos dieran alguna pista acerca del porqué de la naturaleza emocionalmente esquiva del personaje principal; y si el protagonista no tuviera la profesión de “despedidor”; y sin el giro argumental último (ese premeditado volantazo que la desvía y la salva del compacto muro de la complacencia, que la convertiría en un accidente cinematográfico más); y si la mujer que hace lo que dice que va a hacer no fuera la única que se ríe durante “la entrevista con el vampiro” y si la época en la que se sitúa la narración fuera otra (la paradoja de lo virtual es que aproxima y separa a las personas en la misma medida). Y no sería porque para que esta película sea, es necesaria una presencia física como la de Clooney: ese tipo que te gustaría tener cerca en una situación de peligro: un barco que se hunde, una habitación que arde…. Porque en la vida de las personas, que te echen del trabajo es un desastre -como un naufragio, como un incendio-. Y en eso radica su éxito profesional del personaje, porque ser despedido por un tipo como él es como morir atravesado por una katana de Hattori Hanzō (y puestos a morir, mejor hacerlo así que con una navaja albaceteña….). Un profesional que se lleva el trabajo a casa (la impagable escena del cuñado). Un profesional de las emociones que no siente (como un payaso triste). Y esto, en lo profesional. En lo personal (del personaje) su apostura hace más comprensible su actitud, porque un hombre tan guapo, tan apuesto, tan elegante, con tanta simpatía personal, con ese hálito de hombre tierno pero no tanto, ese…, bueno, hablamos de Clooney, es un hombre que no se para, curiosamente, porque no tiene prisa. Es un hombre que sabe que puede bajar cuando quiera. Que siempre los aviones toman tierra y que cuando llegue el momento de parar, parará y alguien habrá en ese momento dispuesto a compartir con él lo que sea (y a que le decore el apartamento: otra elocuencia de la película). Él no tiene que agarrarse a nada. La Terminal del futuro está lejos todavía. Pero es cuando, intempestivamente (y de un modo tan impetuoso que hasta abandona La conferencia que está a punto de dar) decide aterrizar cuando comprueba que la pista de aterrizaje de ese aeropuerto (exactamente de ése) no está operativa, porque lo que el veía como La pista de aterrizaje, es una carretera nacional congestionada (con scalextric pero carretera al fin y al cabo…)
Tiene que ser el avión y todo lo que viajar en avión conlleva porque no podría ser de otra manera. Los títulos de crédito iniciales (maravillosas estampas sucesivas) deleitan y ayudan al espectador a partes iguales: qué geométricas son las cosas desde el aire, qué sentido, qué estética, qué orden. Ver desde arriba. Sin tocar. Porque …. cómo no se mancha uno; pues no tocando (hasta los niños lo saben). Y cómo no se toca, sobrevolando. Pues eso. Por eso, no podría ser el tren o el coche el medio de transporte del viaje permanente. Porque desde la carretera o desde la vía el camino se ve, se toca. Los árboles son algo más que elementos de una masa compacta que es un todo (y mal está que el árbol no te deje ver el bosque, pero al revés ….) porque un árbol es un ser vivo que puede llegar a ser un universo para otros seres vivos. La tierra se pisa y el aire se huele (siempre puedo uno bajar la ventanilla) pero en un avión… en un avión el aire es el mismo desde que sales hasta que llegas. Desde el aire, el paisaje se convierte en mosaico, en tapiz, en damero, en esquema o en cuadro. Y es, precisamente, y además, el orden el que define la vida de los aeropuertos: una vez que te aprendes la dinámica, nada te puede sorprender (busca en las colas hombres orientales que viajen solos). Los actos repetidos, las pautas, las normas idénticas sea cual sea el aeropuerto en el que estés o el avión que vayas a tomar: nada de emoción, nada de imprevistos. Todo controlado. Porque si existiera algún riesgo, viajando en avión, ése sería definitivo. Sin tener tan siquiera la ocasión de arrepentirte.
De él sólo se nos dice lo que hace. Decir que es metódico, ordenado, escrupuloso, respetuoso, empático, encantador…tiene que ver más con lo que hace que con lo que es. En lo personal, una vecina apenada (por lo que pudo haber sido y no fue) y dos hermanas (al padre se le menciona pero de mamá nada se dice) con las que se comporta como con cualquier extraño. Cumple con lo que él considera que es su deber (el sacrificio en hacer las fotos que le han pedido – poderosa la imagen del cartón saliendo del equipaje de mano y la evidente relación con su teoría de las personas que metemos en la mochila; ofrecerse a ser el padrino en la boda…) pero en las que no se implica para nada (y son precisamente sus asépticos actos los que, por contraste con la emoción con la que esos mismos actos son realizados por los otros: el panel lleno de las fotos que otros muchos han hecho antes o el dolor con el que la hermana le anuncia que el padrino será otro).
Es lo que tienen la emoción y los sentimientos, que no se pueden controlar. Y si se pueden controlar, es que no son. No están. Igual todas las películas hablan de lo mismo porque igual los Temas Universales sólo son tres: el amor, la soledad y la muerte.









Eludes, Heyst, la cuestión esencial. ¿Está enamorado el personaje de Clooney? ¿Está enamorado alguno de los tres protagonistas? ¿Está enamorado alguien en esta película?
A pesar de la canción, el amor no está en el aire.
Huber insertado en la trama algún personaje enamorado habría resultado cómodo, para que el contraste facilitara las cosas a la hora de entender la película (ya sabe, sentimiento-ausencia de sentimiento). Pero creo, amigo Vergonzoso, que los buenos directores buscan buenos espectadores para sus películas. Y a los buenos espectadores no les gusta que les pongan las cosas fáciles.
Había varios, justo al final de la película, antes de los títulos de crédito: los parados que explicaban que, sin el amor y apoyo de quienes siempre estuvieron a su lado, no habrían sido capaces de salir adelante. Y es que, también en medio de la peor tormenta, las emociones continúan siendo la mejor brújula que señala el único Norte vital.
Gracias por la respuesta, Heyst. Comparto su gusto por el cine más allá del puro entretenimiento.
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