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Visto por Heyst…: “Shutter Island”

24 Febrero 2010 2 Comments

ticket_s_iTÍTULO ORIGINAL Shutter Island
AÑO 2010
DURACIÓN 138 min.
PAÍS Estados Unidos
DIRECTOR Martin Scorsese
GUIÓN Laeta Kalogridis (Novela: Dennis Lehane)
MÚSICA Varios
FOTOGRAFÍA Robert Richardson
REPARTO Leonardo DiCaprio, Mark Ruffalo, Ben Kingsley, Emily Mortimer, Michelle Williams, Patricia Clarkson, Max von Sydow, Jackie Earle Haley, Elias Koteas, John Carroll Lynch, Ted Levine, Christopher Denham
PRODUCTORA Paramount Pictures / Phoenix Pictures / Sikelia Productions / Appian Way
WEB OFICIAL http://www.shutterisland.com/
GÉNERO Thriller. Intriga | Thriller psicológico. Años 50

La memoria humana es un instrumento maravilloso, pero falaz. Es una verdad sabida, y no sólo por los psicólogos sino por cualquiera que haya dedicado alguna atención al comportamiento de los que lo rodean, o a su propio comportamiento. Los recuerdos que en nosotros yacen no están grabados sobre piedra; no sólo tienden a borrarse con los años sino que, con frecuencia, se modifican o incluso aumentan literalmente, incorporando facetas extrañas (…) Esta escasa habilidad de nuestros recuerdos se explicará de modo satisfactorio sólo cuando sepamos qué lenguaje, con qué alfabeto están escritos, sobre qué materia, con qué pluma: hoy por hoy es una meta de la que estamos lejos. Se conocen alguno de los mecanismos que falsifican la memoria en determinadas condiciones: los traumas, y no sólo los cerebrales; la interferencia de otros recuerdos “concurrentes”; estados anormales de la conciencia; represiones, distanciamientos. Incluso en las condiciones más normales se opera una lenta degradación, una ofuscación de los contornos, un olvido que podemos llamar fisiológico y al cual pocos recuerdos resisten. Es probable que podamos reconocer aquí una de las grandes fuerzas de la naturaleza, la misma que convierte el orden en desorden, la juventud en vejez, la que apaga la vida con la muerte. Es verdad que el ejercicio (en este caso, la evocación frecuente) conserva los recuerdos frescos y vivos, del mismo modo que se conserva eficaz un músculo que se ejercita con frecuencia; pero es verdad también que un recuerdo evocado con demasiada frecuencia, y específicamente en forma de narración, tiende a fijarse en un estereotipo, en una forma ensayada de la experiencia, cristalizada, perfeccionada, adornada, que se instala en el lugar del recuerdo crudo y se alimenta a sus expensas.”
“Las primeras noticias sobre los campos nazis de exterminio empezaron a difundirse en el año crucial de 1942. Eran noticias vagas, pero acordes entre sí: perfilaban una matanza de proporciones tan vastas, de una crueldad tan exagerada, de motivos tan intrincados, que la gente tendía a rechazarlas por su misma enormidad. Es significativo que este rechazo hubiese sido confiadamente previsto por los propios culpables; muchos sobrevivientes (entre otros, Simon Wiesenthal en las últimas páginas de Gli sssassini sono fra noi, Garzanti, Milán 1970) recuerdan que los soldados de las SS se divertían en advertir cínicamente a los prisioneros: “De cualquier manera que termine esta guerra, la guerra contra vosotros la hemos ganado; ninguno de vosotros quedará para contarlo, pero incluso si alguno lograra escapar el mundo no lo creería. Tal vez haya sospechas, discusiones, investigaciones de los historiadores, pero no podrá haber ninguna certidumbre, porque con vosotros serán destruidas las pruebas. Aunque alguna prueba llegase a subsistir, y aunque alguno de vosotros llegara a sobrevivir, la gente dirá que los hechos que contáis son demasiado monstruosos para ser creídos: dirá que son exageraciones de la propaganda aliada, y nos creerá a nosotros, que lo negaremos todo, no a vosotros. La historia del Lager, seremos nosotros quien la escriba
”.
Los hundidos y los salvados (Trilogía de Auschwitz) Primo Levi.

Si no la han visto y quieren hacerlo, no sigan leyendo. Hay películas de las que se puede hablar de antemano sin que lo que se diga afecte a su disfrute. Otras, no. Y ésta es de esas últimas. Existe placer en mirar la primera vez, en el descubrimiento: de una película, de un cuadro, de un libro; y es, cuando miramos por primera vez y vemos que hay más de lo que se ve, que hay que volver a mirar. Algunas veces ocurre que el disfrute no sólo no se agota en ese descubrimiento sino que (y en esto el arte se parece al buen sexo) al repetir, al haber aprendido, el descubrimiento se hace permanente cada una de las veces repetidas. Creo que esta película hay que verla sin saber nada de ella, y hay que volver a verla para terminar de entenderla (si entenderla fuera un objetivo, que no está tan claro).
De ésta no conocía ni el título. Sabía, quien era el director y tratándose de Scorsese el dato parecía suficiente. Y no me equivoqué. De saber que era de miedo igual ni la hubiera visto, porque el miedo es una emoción que no me gusta. Otro descubrimiento: las películas ya no me dan miedo. Y viendo ésta me di cuenta que, después de haber leído a P. Levi y a V. Shalamov (cada uno en su campo) que lo que da miedo, de verdad, es la realidad. La realidad. Y a quienes no viven en ella, a quienes, por los motivos que sean, no son capaces de asumirla y buscan otra, se les llama locos. La película va de eso, de la locura. Y de la misma manera que sin la oscuridad la luz no existe; ni sin el silencio el ruido; ni sin la mentira la verdad, sólo puede hablarse de la locura hablando de la realidad.
La realidad: año 1954 (Estados Unidos en plena guerra fría); dos agentes federales, uno de ellos (el jefe) veterano de guerra; un hospital-prisión (el Hospital Ashecliffe para Criminales Trastornados) en una isla; un huracán; y un misterio.
Scorsese emplea en Shutter Island el mismo recurso que Henry James en Otra vuelta de tuerca (y si la han leído saben perfectamente a qué me refiero) ya que no hay mejor manera de entender el frío que abrir el congelador y meter la cara; y que el dolor te lo pueden contar, pero si te pisan el pie descalzo con un zapato de tacón, lo entiendes rápido. Por eso, para contarte la locura te mete en ella. No se trata tanto de contar cómo se siente un loco sino cómo siente un loco?. Pues ven, que te lo voy a contar, dice Scorsese. Ven conmigo. Y para empezar ese viaje a la locura lo que el director hace es arrancarte de cuajo de tu butaca y de tu mundo, exagerando la música y subjetivando la cámara. Sin títulos de crédito que delimiten el comienzo, te ves en un barco que se acerca a una isla. Una isla. Demasiada agua entre adónde vas y de dónde vienes. Agua, espacio líquido (como el territorio de los recuerdos y de los sueños), que se interpone entre los que llegan y los que están. Entrar y salir de allí, salvo que te lleven y que traigan, imposible. Solo no se puede. Necesitas de la colaboración de otros. Empiezan las pistas.
De Teddy Daniels sabemos que es un hombre inteligente que vive atormentado por los recuerdos que le acosan en forma de sueños. Y no parece que aquí las imágenes oníricas funcionen sólo como elemento narrativo para contar lo que el personaje recuerda, sino que parece que su sentido tenga más que ver con que son las imágenes con las que los sueños se nos representan, lo único con lo que cuenta la realidad para acercarse a la no realidad que significa la locura.
Llegamos con el protagonista a esa isla (otra metáfora) y con él atravesamos enormes puertas que se cierran una vez que se traspasan. Edificios compactos, jardines y uniformes (cada uno con el suyo: los guardianes, los reclusos-pacientes y los médicos). Y una primera inquietantísima presencia: una paciente que mira fijamente y con el dedo índice estirado pegado a la boca cerrada entra en contacto con el que acaba de llegar: Silencio. Más pistas.
Cómo se despoja a un policía de su autoridad: se le quita el arma; cómo se despoja a un hombre de su identidad: se la quita la ropa (los pijamas a rayas de los Lager); cómo se deja a un ser humano sin lo que es: se le roban los recuerdos (o se le incorporan otros). Poco a poco.
La época en la que se sitúa la trama no es inocente. No lo es. Y en su desarrollo, la película lo deja claro: qué creíais, que lo que acaba de ocurrir en Europa sólo es posible en Alemania y su guerra o en la Unión Soviética, y la suya (que no se menciona pero se alude). No señores, aquí, en la Casa de la Libertad también es posible que ocurran cosas aberrantes; con las mejores intenciones, sí, pero aquí también se hace. No por la Raza, no por el Partido aquí se hace por la Realidad (que ésa sí que es inapelable). Y se hace con aquéllos que están fuera, con los que nos amenazan por infringir todas las normas de la lógica y de la moral (porque una madre que mata a sus hijos va en contra del código moral que rige nuestra realidad). Dejádnoslos a nosotros, nadie protestará. Nadie se enterará.
Una sociedad (un gobierno) que permite aniquilar – y cortarle el cerebro es aniquilar - a seres humanos (hayan hecho lo que hayan hecho, pero seres humanos) con algún objetivo (en este caso, la ciencia médica) es una sociedad que está en condiciones de aniquilar a cualquier ser humano por cualquier motivo (de hecho, los primeros asesinatos en masa perpetrados por los nazis comenzaron como eutanasia activa piadosa, encaminada a que los enfermos mentales y los terminales dejaran de sufrir y su enfermedad dejara de provocar el sufrimiento en sus allegados. Fase inicial contra la que ni siquiera la Iglesia Católica presentó oposición).
Después de haber creado “el arma” (la bomba atómica), faltaba experimentar con el arma definitiva (el control de la mente) que les permitiera a los que gobiernan, gobernar de verdad y para siempre. Y qué mejor para ello que los que habían demostrado una eficacia intachable en el terreno de la experimentación con seres humanos, porque, de la misma manera que los recuerdos del Horror de los campos de exterminio son claves para entender al personaje, para entender la película es clave el personaje del medico nazi porque esta historia está llena de significados latentes, planteando más preguntas que las que contesta y resumiendo dónde puede terminar el horror del poder de los hombres sobre los hombres. Esta es una película que grita para ser comprendida más allá de su argumento. Como los sueños.
El protagonista se mueve por la culpa (la general como ser humano, la profesional como soldado y la personal como marido) y busca en la acción la posibilidad de redimirse (personalmente, salvando a su compañero, aún en la duda de que pueda no serlo, y humanamente, descubriendo la verdad de lo que ocurre y a quiénes se encargan de ocultarla a toda costa, eso sí, con modales exquisitos).
Y hablando de la culpa, las mujeres. Porque en la película son ellas las que ven (el gesto de aviso de una y la nota apremiante de la otra); son ellas las que saben (la doctora-paciente que vaticina el destino del que pretende hacer lo que ella intentó hacer en su día) y son ellas las depositarias del mayor de los pecados (matar a los hijos) porque ni si tan siquiera saber el espectador con certeza si ese delito horrendo ha sido cometido, ése es el punto escalofriante de la narración (más que los cadáveres muertos y vivos de los campos cuyas imágenes se ven y más que la bomba atómica, que se menciona). Porque ya desde Eva quisieron saber. Y ya desde Eva pagaron su osadía.
Scorsese en Shutter Island no nos está contando una historia. Scorsese intenta contarnos la Historia. Una Historia con capítulos que hacen que sean los locos los que teman más la realidad que los cuerdos la locura.
Y habrá quien concluya que Teddy Daniels estaba loco desde el principio y habrá quien piense que nunca llegó a estarlo, pero lo que la última escena de la película deja claro es que en el Hospital Ashcliffe para Criminales Trastornados sí se practicaban lobotomías trasorbitales.

2 Comments »

  • Vergonzoso dijo:

    Que Scorsese deje el final tan abierto no es casual (y además va contra las reglas de este género cinematográfico). Podría haberse limitado a filmar una película de intriga psicológica, pero se ha destapado con una reflexión sobre el bien y el mal, sobre el poder absoluto, sobre los salvados y los hundidos.
    Como sucede en la vida, en la película los malos no dudan de la legitimidad de su poder y sus atroces actos: sólo los buenos dudan y sufren. Y eso es precisamente lo que se proponía el director: que dudáramos, que sintiéramos la confusión que experimenta todo hombre bueno.
    Cuando salí del cine pensé que igual la demostración de que estoy loco es que estaba convencido de que el protagonista no lo está. Pero al cabo de unas cuantas horas, me sentí muy bien.

  • Tierra_de_nadie dijo:

    Pues yo que me quedo con la explicación más sencilla… Para mi es una de esas “retro-historias” que hasta que se termina no eres capaz de saber si realmente te ha gustado. Salvando las diferencias (que las hay…) creo que se trata de una película que juega a lo mismo que en su día plasmó de forma interesante “El Sexto Sentido” y que nuestro Amenábar exploró igualmente en “Los Otros” (o incluso de una forma tal vez no tan brillante pero si cabe más angustiosa Juan Antonio Bayona en “El Orfanato”). Cómo pasarte toda la película contando una historia que hasta que ésta llega a su fin no te das cuenta que se trataba de otra totalmente distinta. Y hecho de tal forma que el repaso de los pequeños detalles confirman la validez de esta última. El resto tengo que reconocer que, después de escrito y analizado por otro, me puede parecer hasta verosímil, pero no en el momento pues instantes después de la proyección suelo caer en un profundo sueño (problemas de las sesiones nocturnas…)

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