Visto por Heyst…: “Two lovers”
Título original: Two Lovers
Dirección: James Gray
País: Estados Unidos
Año: 2008
Fecha de estreno: 14/05/2010
Duración: 110 min.
Género: Drama, Romance
Calificación: No recomendada para menores de 12 años
Reparto: Joaquín Phoenix, Gwyneth Paltrow, Vinessa Shaw, Moni Moshonov, Isabella Rossellini, John Ortiz, Bob Ari, Julie Budd, Elias Koteas, Shiran Nicholson
Web: www.twoloversmovie.com
Distribuidora: Wide Pictures
Productora: 2929 Productions, Tempesta Films
“Era una noche prodigiosa, una noche de esas que quizá sólo vemos cuando somos jóvenes, lector querido.”
primera frase de Noches blancas, de Fiodor M. Dostoyevski
“Dios mío! ¡Todo un momento de felicidad! ¡Sí!, ¿no es eso bastante para colmar una vida?…”
última frase de Noches Blancas, de Fiodor M. Dostoyevski
Si te encuentras con una sensación inexplicable, vívela, algo así dice un anuncio de neumáticos que acabo de escuchar por la radio. Antes de ver Two lovers (C) leí Noches Blancas, relato de F. Dostoyevski (A) y vi la película del mismo título de Lucino Visconti (B). B y C son A, cada una en una época y en un lugar.
Una historia: Noches Blancas (A y B) narra las cuatro noches en las que un hombre pasea con una mujer joven con la que un día se encuentra por casualidad y Two Lovers (C) cuenta lo que ocurre cuando después de intentar suicidarse, Leonard vuelve a casa de sus padres y toma una decisión. En C hay, a diferencia de A y de B, dos mujeres (dos realidades, dos mundos, dos tipos de vida).
Una ciudad: San Petersburgo en el siglo XIX (A), una ciudad portuaria italiana en el siglo XX – un decorado – (B) y Nueva York en el siglo XXI ( C).
Un hombre: un tipo singular: en A el narrador sin nombre es un soñador solitario que ve; en B, Mario es un oficinista misántropo que mira y en C, Leonard es un joven bipolar que hace fotos, es decir, que mira y que ve. Los tres viven en pequeñas habitaciones desordenadas. En C, desde la ventana de su habitación Leonard puede ver a Michelle, que vive enfrente, en el piso de arriba.
Una mujer: tan claras, Nástenka (A), Natalia ( B) y Michelle (C), como las noches blancas de luz boreal de San Petersburgo o los amaneceres neoyorkinos (el cabello rubio de Gwyneth Paltrow resalta visualmente esa doble idea de claridad y luz), tan sinceras, tan ingenuas, tan infantiles, tan espontáneas y tan enganchadas en A y B por un imperdible a las ropas de su abuela ciega (que no quiere que ella se pierda) como en C, por sus adicciones, a lo que ella sabe que la pierde. Ella se enamora de un hombre que la hace esperar y ella hace desesperar a un hombre que se enamora de ella.
Un encuentro casual: cuando el hombre y la mujer se encuentran en un lugar de paso, ella está siendo “agredida”: en A, por un hombre aparentemente borracho que se acerca demasiado; en B por dos jóvenes bravucones que desde una moto la molestan y en C, por un padre que le grita y que la insulta. El hombre ofrece su protección y ella se siente agradecida.
El amor no se busca, se encuentra.
El agua: como elemento de cambio que va a poner fin a la situación de espera en la que los protagonistas se encuentran. En A y en B en el canal, que es el lugar en el que se supone que va a producirse el cambio: el prometido ha quedado en presentarse allí mismo al cabo de un año y será a partir de ese momento cuando la vida de Nástenka (A) y de Natalia (B) empiece a tener sentido. En C, es el mar, al que Leonard, que ya no espera nada, se lanza buscando la manera de introducir el cambio definitivo que lo saque para siempre de su vida sin sentido. Y un acuario en su habitación.
En Noches blancas es el canal el testigo de los encuentros. En Two lovers es la azotea el lugar en la que se ven Leonard y Michelle (en lo alto, al aire libre, con luz natural, sin paredes).
La dependencia : si los únicos que te quieren no te quieren, si no te respetan, si desconfían de tu capacidad para la vida no va a resultar fácil que te quieras, que te respetes, que puedas vivir tu propia tu vida . Si te han enseñado que el amor es complacer a los que te protegen, porque te ven incapaz, entenderás tu independencia como una suerte de traición a esos que te han dicho que te quieren (en A y en B la abuela que la ha cuidado desde siempre y en C el amante casado que le paga el apartamento y que está atento a que ella no se meta demasiada droga).
En A, en B y en C todos dependen y están pendientes de las acciones de los demás: en A y en B, Nástenka y Natalia esperan que el amado vuelva a por ellas y en C, Michelle, que el amante deje a su familia y se quede. En Two lovers de la decisión de Leonard depende la felicidad de dos familias no sólo por lo que los respectivos padres entienden qué es lo mejor para sus hijos, sino para la continuidad del negocio, que es lo que va a permitir que la felicidad (la única posible) se materialice. Que la familia de Leonard sea judía cobra sentido, porque no hay ningún pueblo para el que la tradición y la familia tengan un sentido más definitivo que para éste. Somos más que un pueblo y un pueblo son familias. Las fotos en la pared.
La música: es la ópera en las tres, la banda sonora del amor aunque en C es Leonard el que la escucha en su habitación. Aparece también la música, a través del baile, como demostración física de la exaltación y de la alegría de vivir que el amor produce, en B y en C.
El arte: como expresión de la soledad, como esa parte de la vida que no sirve para la vida, que está fuera, que no cuenta, que no importa. Leonard se enamora de Michelle cuando ella en el metro le dice: eres un artista y no consientas que nadie te diga lo contrario. Ella, que no le conoce de nada le conoce más que nadie y le respeta más que nadie. Es como si se conocieran desde siempre sin haberse visto nunca. El conocimiento como camino y el reconocimiento como amor.
La soledad: presente en cada página de A y en cada fotograma de B y de C. El solitario en A y en B es el loco en C.
La amistad: te quiero como amigo, es la frase más temida por los enamorados no correspondidos. La prueba de amistad es en A y en B una carta y en C una cita en un restaurante. Ellos hacen por amor lo que ellas entienden que hacen por amistad.
El amor - ocurre que para algunos (para los raros) la única felicidad posible es el amor y una vez que lo has visto, que lo has sentido, estás salvado para siempre. Lo que creías que nunca iba a ocurrir ha ocurrido y a partir de ahí, todo empieza a ser posible. Cuando creyendo haberlo encontrado el amor se pierde, duele más pero importa menos. Porque cuando eres feliz, cuando lo has sido, salvo tú mismo, todo te da igual. En cambio, cuando no eres feliz, salvo tú mismo, todo es importante. Pero por haberlo sido, por haber visto, por haber mirado, ya puedes seguir adelante. Ya estás en condiciones de hacer felices a los otros.
No hay amor sin igualdad (es el dolor de vivir el que iguala a la pareja protagonista en los tres casos), no hay amor sin libertad, no hay amor sin verdad, no hay amor sin amistad, no hay amor sin alegría, no hay amor sin locura, no hay amor sin acción (Leonard compra los billetes de avión, hace la bolsa y decide marcharse). El amor es acción, es decisión. Elegir es otra cosa. Decides como quieres, eliges como puedes. El amor es arriesgado, peligroso y suele salir caro. Luego está la seguridad y la ausencia de miedo, que es por lo que opta la gente sensata. Y también el despecho convertido en tierna misericordia, que tampoco es amor (que es lo que provoca en A, en B y en C el desenlace).
Emocionante Isabella Rossellini en la escalera. Y amables Vinessa Shaw y su personaje en la película.
Como en el amor, que cada uno piense lo que quiera….









Uno de los hallazgos estilísticos de esta película es la fotografía: esa luz algo verdosa que baña incluso los exteriores, como si todo estuviera sumergido en el mar al que se arroja Leonard en la primera secuencia, como si la pantalla fuera el cristal del acuario y la viéramos a través de esa turbiedad, con dos excepciones: las secuencias en el patio de luces y las secuencias en la azotea. Porque el amor posee también esa condición, es también ese esnórkel que hace posible sobrevivir donde no hay aire.
Para que no haya dudas, se nos presenta a Leonard como bipolar en tratamiento y a Michelle como adicta a las drogas. Dos tarados, dos incapaces, dos perdedores natos. Todos los demás personajes son sumamente normales, están sumamente adaptados, cuentan el tiempo como quien cuenta monedas, van a ganar sí o sí. Por desgracia, son Michelle y Leonard los únicos que viven cabe el precipicio de las emociones, son los únicos que necesitan -como el aire- alguna clase de expresión artística, la fotografía o la ópera. Son los únicos a los que se nos muestra en la cama para disfrutar del banquete onírico, mientras que su único encuentro carnal se produce, como no podía ser de otra manera, al aire límpido de la azotea. Son dos soñadores, y lo van a pagar.
¿O no? La realidad es, muchas veces, de una indecencia verdosa e insoportable. Pero ellos, por primera y quizá última vez, han sabido lo que es amar y lo que es sentirse amado. Como bien dices, Heyst, con ese equipaje en la maleta de la memoria es posible continuar viaje por el lecho de este mar.
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